Una queja habitual de los padres es que sus hijos no comen frutas y verduras. Muchas veces el problema está en que ellos no dan el ejemplo (ellos no comen, los chicos tampoco) o que bajan las brazos rápidamente ante la negativa. Para colmo, el frío no ayuda. Pero es precisamente una época en la que una alimentación adecuada ayuda a reforzar el sistema inmunológico de chicos y grandes.

“Para prevenir la aparición de estos catarros de estación, lo principal es tener las defensas del organismo en perfecto estado, para lo cual las frutas y verduras son fundamentales debido a su gran aporte de vitamina C (ácido ascórbico), que promueve las defensas de nuestro cuerpo para enfrentar este aumento en los microbios que nos atacan”, explica el licenciado en Nutrición Infantil Alberto Arribas. “Además, comer frutas y verduras de estación tiene otros beneficios, son más accesibles y de mejor calidad. Elegir según la estacionalidad del año es la clave para tener un alimento, rico, nutritivo y económico”, añade.

Entre las verduras y frutas típicas de la temporada otoño-invierno se encuentran acelga, achicoria, apio, batata, berro, brócoli, coliflor, cebolla de verdeo, chaucha, espinaca, hinojo, puerro, rábano, radicheta, remolacha, repollo, repollitos de Bruselas, zanahoria, zapallo, calabaza, banana, ciruela, durazno, limón, mandarina, melón, membrillo, naranja, palta, pelón, pera, pomelo, entre otras.

“Están llenas de vitaminas, antioxidantes, minerales, agua y fibra, por eso es tan importante y beneficioso que los niños que están en plena etapa de crecimiento y desarrollo incluyan frutas y verduras en su alimentación diaria“, subraya Arribas.

La ingesta mínima recomendada es de 400 gramos por día entre frutas y verduras. Sin embargo, los argentinos no llegamos ni a la mitad. No sólo es pobre la cantidad, sino también la variedad: las cinco hortalizas más consumidas son tomate, cebolla, zanahoria, zapallo y lechuga; mientras que las frutas más populares son naranja, banana, manzana y mandarina.

Si se comen crudas, siempre deben lavarse bien con agua segura. En caso de consumirlas cocidas, hacerlas al vapor es la forma que mejor conserva los nutrientes. Arribas aconseja comer al menos medio plato durante el almuerzo, otro medio durante la cena y de dos a tres frutas por día.

Buscar recetas para incluir frutas y verduras en la dieta diaria “es el quid de la cuestión”, afirma el especialista y ofrece consejos para incorporarlas:

Incluir frutas y verduras en la mesa familiar

Los adultos siempre somos el ejemplo para la construcción de los hábitos saludables de los niños, no podemos pedirles que ellos elijan comer verduras y frutas si los adultos no lo hacemos.

Que haya presencia de frutas y verduras en la mesa es clave.

Que haya presencia de frutas y verduras en la mesa es clave.

Ofrecérselas a partir de los seis meses

Debido a que es la etapa de descubrimiento de los nuevos sabores y sus texturas, cuanto más se retrase su consumo mayor será el rechazo. Es importante que se los estimule de forma continua a consumir frutas y verduras, de esta manera se logrará crear el hábito.La exposición temprana a las frutas y verduras tiene efectos positivos a largo plazo. Una dieta variada en la infancia será la antesala de una dieta saludable en la edad adulta.

Ser paciente e insistente hasta que les gusten

La neofobia a los alimentos es un comportamiento instintivo, un mecanismo de defensa que desarrollaron nuestros antepasados para protegerse de posibles alimentos venenosos o toxinas. De ahí que los niños tiendan a rechazar de manera natural alimentos con los que no han tenido experiencia previa. Se debe probar y repetir de 10 a 12 veces para que acepten el sabor.

Las frutas y verduras no tienen por qué ser aburridas.

Las frutas y verduras no tienen por qué ser aburridas.

Con la comida se juega y se crea

Aprovechando sus atractivos colores, se puede ser creativo a la hora de ofrecerles verduras y frutas a los chicos. Se las puede servir armando formas, figuras, dibujos y utilizando vajilla divertida.

Activar la fantasía

Utilizar como referencia dibujos o personajes favoritos que estimulen al consumo. Así, un brócoli puede convertirse en “los árboles del bosque encantado”, las zanahorias en un alimento con poderes, las espinacas en el alimento que le da fuerza a Popeye.

Cocinar juntos

Si ellos participan de la elaboración con acciones simples como lavar, rallar o preparar las verduras se sentirán más motivados a consumir el plato terminado.

Involucrar a los chicos en la cocina.

Involucrar a los chicos en la cocina.

Arrancar el día con una fruta

Es una opción ideal para el desayuno. Las frutas poseen una serie de nutrientes muy beneficiosos a cualquier hora del día, pero más aún tras las largas horas de ayuno nocturno. Un desayuno completo debe incluir una porción de lácteos, un hidrato de carbono como tostadas o pan y una fruta.

Hábito: una fruta en el desayuno.

Hábito: una fruta en el desayuno.

No premiar el consumo de frutas y verduras

Frases como “si te comés las verduras, te compro un alfajor” le dan a las primeras un valor negativo. El mejor ejemplo de eso es el de Mafalda, a quien siempre para permitirle hacer las cosas que a ella le gustaban debía tomar la sopa, plato que odiaba. Alimentar a los niños no es cuestión de premios o castigos, es una decisión que debe estar guiada por la paciencia, la dedicación y por el conocer la importancia que tiene una alimentación sana desde temprana edad.

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