Llegado a la capital belga hace siete años desde Holanda, el país de los tulipanes y mayor exportador de flores del mundo, Schuurmans ha empleado un sistema muy acorde con sus orígenes para llamar la atención. Las flores son mucho más que un esperado brote primaveral. Han sido utilizadas frecuentemente como símbolo político. La revuelta que en Túnez pidió más democracia en 2010 se bautizó como Revolución de los Jazmines, en Georgia la Revolución de las Rosas echó al presidente Eduard Shevardnadze del poder, y retrocediendo más en el tiempo, la Revolución de los Claveles supuso el principio del fin de la dictadura de António de Oliveira Salazar en Portugal.

Militante del partido democristiano CD&V, Schuurmans no pretende impulsar ninguna revuelta. Solo busca movilizar recursos municipales para reducir el número de zanjas. Su iniciativa ha generado un inusual consenso entre fuerzas políticas muy distintas. Destacados dirigentes como el titular de Inmigración, el nacionalista flamenco Theo Francken o el ecologista Bruno de Lille, han alabado su particular método de denuncia. “Las flores han unido a la izquierda y la derecha. Es el mejor sueño para un centrista cristiano”, afirma Schuurmans en su cuenta de Facebook.

La idea original no es suya. El denominado movimiento #flowerpothole no tiene un origen claro. En 2012 un jardinero británico llenó de plantas 150 baches de Londres, aunque su intención no era criticar el estado de la calzada, sino pedir más zonas verdes en la capital inglesa. La idea revivió a comienzos de año con el youtuber estadounidense Coby Persin, que sufrió un percance vial por culpa de las malas condiciones de la vía: “Si hubiera visto una planta dentro del bache, habría conducido alrededor de ella y no hubiera caído en él”, dijo para justificar su acción. Inspirándose en su vídeo, un colectivo de Ciudad de México le imitó semanas después.

En francés, la palabra bache se traduce como nid-de-poule —nido de gallina— por su semejanza con los huecos donde estos animales se colocan para incubar sus huevos. Tanto es así que alguna vez se han utilizado imágenes de huevos dentro de los baches como crítica a las autoridades. Anton Schuurmans elige sembrar flores en ellos. “Prefiero no enfadarme. Creo que es una forma positiva y divertida de llevar la cuestión a un primer plano”.

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