Horas antes de que se levanten los telones de la edición número 51 de CES 2018 , donde los gigantes tecnológicos presentan las innovaciones más llamativas del mundo en todos los rubros imaginables hasta este viernes 12 de enero, tuvimos la oportunidad de participar de un test-drive de la última versión del Nissan Leaf, el vehículo eléctrico más vendido del mundo -más de 300.000 unidades desde 2010- y uno de los últimos productos que la compañía nipona presenta en el show anual de Las Vegas.

El trayecto fue de una hora hacia el Red Rock Canyons, un área delimitada de conservación nacional del desierto de Nevada, El primer impacto fue al encender el motor: no se necesita llave y se presiona un botón como si fueras a iniciar una computadora. El segundo llegó inmediatamente después: el auto eléctrico no produce ruido y tiene una batería debajo incorporada al chasis que mide la misma longitud que el auto, se carga en su totalidad en media hora y posee una autonomía de 8 horas (el equivalente a 150 millas, unos 240 km).

El Nissan Leaf, eléctrico y semiautónomo
El Nissan Leaf, eléctrico y semiautónomo.

Un solo pedal

Para añadir más emoción al asunto, el ingeniero estadounidense de Nissan que acompañó la travesía indicó las dos características más destacadas del auto: el ProPILOT y el E-Pedal. Ante la consulta, explicó que la primera tecnología consiste en que el vehículo cuenta con capacidades semiautónomas y, la segunda, que se utiliza un solo pedal que revoluciona la manera en que se manejan los autos: funciona del mismo modo que un karting, sólo se acelera y el auto va frenando solo, aunque aclaró que, por cuestiones de seguridad, hay un pedal extra para frenar en caso de que el conductor lo requiera. “Al usar un pedal solo, gastás menos batería y aprovechás más la autonomía”, aclaró.

El Nissan Leaf, eléctrico y semiautónomo
El Nissan Leaf, eléctrico y semiautónomo.

En primera persona

Los primeros minutos, para conocer la autopista y “hacerme amiga” del vehículo, le pedí que no activara las funciones de asistencia al manejo, que hasta ese momento eran extrañas. La potencia del vehículo fue la primera característica a destacar. Entendí que tenía que apretar el acelerador con liviandad para regular la velocidad y no excederme del máximo permitido (que era 70 km/h). Cuando me sentí lo suficientemente cómoda, seguí sus indicaciones para activar el ProPILOT, que fue tan simple como presionar un botón adosado al volante.

Es inevitable sentir algo de nervios por cederle el control a la máquina. Jonathan, el ingeniero, me explicó que el auto lleva sensores en varios puntos y una cámara que le permite tener una visión 360, detectar el carril, mantener una distancia prudente con el vehículo de adelante e incluso doblar en curvas no muy pronunciadas.

El Nissan Leaf, eléctrico y semiautónomo
El Nissan Leaf, eléctrico y semiautónomo.

-¿No puede cambiar de carril o pasar a otros autos?

– No, por ese motivo es semiautónomo. Solo se puede soltar el volante si vas en línea recta en una autopista o ruta. Cuando querés cambiar de carril y movés el volante se desactiva la función ProPILOT.

Media hora después y con la autopista casi despejada, nos adentramos en el desierto de Nevada y el paisaje que se divisaba a lo lejos invitaba a acercarse: unas montañas color ladrillo que representaban lo opuesto al lugar del que veníamos: carteles luminosos, hoteles fastuosos con infinidad de casinos y restaurantes imponentes dispuestos uno al lado del otro a lo largo del Strip, la calle principal de Las Vegas.

El Nissan Leaf, eléctrico y semiautónomo
El Nissan Leaf, eléctrico y semiautónomo. Foto: LA NACION

Cómo funciona el E-pedal

Cuando nos acercamos, frené al costado de la autopista y bajé del auto para contemplar el paisaje y tomar algunas fotos (las que se pueden ver en la nota). Unas cuantas tomas después, nos volvimos a subir y emprendimos la vuelta. Mientras indicaba el camino, mi copiloto aseguró que restaban por conocer dos funciones: el E-Pedal y un término medio que le habilitaría al vehículo darme un feedback para manejar de la manera más placentera y segura posible. El E-pedal, debo reconocer, me generaba pudor. Una vez activado, pasé a usar solo un pedal. Al principio no lo presioné y el auto comenzó a frenar, lo que enseguida me permitió entender la dinámica. Para avanzar con velocidad hay que presionarlo levemente y para frenar hay que levantar el pie del acelerador de la misma manera.

El “feedback” que él había mencionado, por otro lado, lo descubrí apenas el auto se salió del carril unos centímetros. El volante vibró y en la pantalla de atrás, al costado del dibujo de una pila que indicaba que al auto le quedaba 47% de batería, se dibujaron dos líneas amarillas en señal de que el vehículo se había desviado (a esta altura ya había desactivado la función ProPILOT y había vuelto al modo manual). Enseguida lo corregí y seguí andando hasta llegar al punto de inicio, mucho más familiarizada con lo que la industria automotriz llama “la movilidad del futuro”. Habrá que esperar para que la autonomía sea plena y no se necesite ni siquiera un volante, pero ese es un capítulo aparte.

El Nissan Leaf, eléctrico y semiautónomo

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