El sexting, es decir, el acto de intercambiar textos, videos y fotos a través de medios digitales, es un hábito que está en aumento entre hombres y mujeres de todos los rangos etarios y socioeconómicos. De hecho, el estudio Prevalencia de múltiples formas de comportamiento sexual entre los jóvenes, publicado en febrero de este año en JAMA Pediatrics, señala que del total de mensajes que intercambian los adolescentes, el 15% de los enviados contiene material sexual, mientras que el porcentaje se eleva al 27% cuando se trata de la recepción.

Dado este fenómeno, profesionales de la Universidad de Alberta, en Canadá, realizaron una investigación llamada Perfiles de sexting en los Estados Unidos y Canadá: Implicaciones para el bienestar individual y de las relaciones, en la cual analizaron a un grupo de personas de cara al “sexteo” y determinaron no solo la existencia de cuatro posibles perfiles sino también el impacto de cada uno de ellos en la relación de pareja.

En principio, hay dos grandes categorías: sexters y no sexters (71,5% de los 615 encuestados). Dentro de la primera, las personas pueden ser hipersexteadores (5,5%), sexters frecuentes (8,5%) y sexters de palabra (14,5%). Una vez que se ubicó a cada persona dentro de una de estas clasificaciones, los investigadores se analizaron otros factores tales como el nivel de satisfacción dentro de una relación y los indicadores de bienestar individual, entre otros.

“Los sexters de palabra solamente le envían textos con contenido sexual a su pareja varias veces a la semana, pero rara vez envían fotos o videos. Los sexters frecuentes hacen mismo que los anteriores, y también envían fotos y videos entre 3 y 4 veces por semana. En tanto, los hipersexters envían a diario este tipo de contenido”, detalló Adam M. Galovan, que es científico de familia del Departamento de Ecología Humana de la Universidad de Alberta y autor principal del estudio en cuestión.

“La existencia de los hipersexters me lleva a pensar en el peligro de que las personas puedan quedar absorbidas por una conducta más del tipo compulsivo, que invade otras áreas de la vida del individuo”, agregó.

Particularidades y riesgos

Los resultados de la investigación revelaron que los sexters frecuentes e hipersexters mostraron niveles más altos de satisfacción sexual en sus relaciones, comparado con aquellas parejas que no son sexters o que solo son sexters de palabra. Sin embargo, están menos conformes con otros aspectos de la relación y experimentan un mayor grado de conflicto con su media naranja. Por otra parte, la investigación descubrió que los sexters frecuentes e hipersexters se sienten menos seguros, tienen más conflictos y experimentaron niveles inferiores de compromiso en su relación de pareja.

Los sexters frecuentes e hipersexters son más propensos a que sus dispositivos los interrumpan cuando están interactuando de forma presencial con su pareja, consumen más pornografía, y tienen más probabilidades de caer en lo que los autores llaman “comportamientos relacionados con la infidelidad en las redes sociales”.

Para el científico de familia del Departamento de Ecología Humana de la Universidad de Alberta, el sexting representa una nueva forma de interactuar para las parejas. “Lo que para muchos se ha considerado como una forma de estimular la relación no lleva precisamente a una mejor salud en las relaciones, además de provocar situaciones de peligro para la integridad de la persona como los hackeos o el porno venganza. En resumen, no creo que este hábito sea saludable para las parejas porque se pone demasiado el foco en los sexual, descuidando otros aspectos con hablar, escuchar y compartir momentos con su pareja”, explicó

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