La sexualidad humana es algo difícil de definir dentro de unos parámetros estandarizados porque lo que funciona para unos puede ser muy desagradable para otros. La misma depende de varios factores, desde la biología, la personalidad o la identidad, entre otros.

Hay que tener en cuenta que en el caso de los seres humanos la sexualidad no engloba únicamente el placer y la reproducción, sino la capacidad de experimentar amor físico, el establecimiento de la intimidad, empatía, confianza y refuerzo de la propia identidad personal. Por eso muy difícil de establecer qué se considera un comportamiento sexual saludable.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud sexual como “un estado de bienestar físico, mental y social en relación con la sexualidad. Requiere un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y de las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de toda coacción, discriminación y violencia”.

El sexo puede ser problemático cuando:

Es perjudicial para uno mismo o para quienes se ven involucrados.

Impide tu desarrollo como ser humano.

Interfiere negativamente en alguna de las facetas de tu vida.

– Causa displacer o sensación de malestar.

Por su parte, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) estableció cuatro pautas para determinar qué es un comportamiento sexual considerado saludable y qué es visto como patológico. La anormalidad estaría relacionada con una conducta sexual:

Destructiva para uno mismo o para los demás.

– Excluye la estimulación de los órganos sexuales primarios.

– Es asociada inadecuadamente a sentimientos de culpa y ansiedad.

– Tiene una naturaleza compulsiva.

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