Las personas que hacen mucho ejercicio son menos propensas a tener un infarto que las más sedentarias, aun cuando exista la predisposición genética a la enfermedad cardíaca, de acuerdo con un estudio de Reino Unido.

En medio millón de británicos, aquellos con más actividad física y mejor aptitud cardiovascular tenían menos riesgo de desarrollar enfermedad cardíaca, aun cuando en su familia había antecedentes de infarto y ACV.

“Aun cuando una persona tenga alto riesgo genético, puede aumentar sus chances de mantener una buena salud cardiovascular si hace ejercicio”, dijo el autor principal, Erik Ingelsson, de la Facultad de Medicina de Stanford, California.

En los participantes con un nivel de riesgo genético intermedio, por ejemplo, aquellos que realizaban actividad física eran un 36 por ciento menos propensos a desarrollar enfermedad coronaria y tenían un 46 por ciento menos chances de padecer fibrilación auricular (FA), según publican los autores en Circulation.

Y aquellos con mejor aptitud cardiorrespiratoria tenían un 49 por ciento menos riesgo de padecer enfermedad coronaria que los que menor capacidad cardiorrespiratoria registraban. Además, disminuía un 60 por ciento las chances de padecer FA, una arritmia común que predispone al ACV.

Los participantes no tenían enfermedad cardíaca basal al inicio del estudio; tenían entre 40 y 69 años. La mitad permaneció en el estudio durante más de seis años. En ese período hubo 20.914 complicaciones cardiovasculares (infarto, ACV, FA e insuficiencia cardíaca).

El ejercicio estuvo asociado con una disminución del riesgo de desarrollar esas complicaciones tras considerar factores como la edad, el género, la etnia, el nivel socioeconómico, la diabetes, el tabaquismo, la hipertensión, la obesidad y el uso de medicamentos para disminuir el colesterol.

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