En el museo de Ciencias Naturales y Antropológicas Cornelio Moyano de la Ciudad de Mendoza, Argentina, se encuentra exhibida al público una momia muy particular.

Es un gato, está más seco que un árbol petrificado y fue encontrado oculto entre dos paredes, durante el proceso de demolición de una antigua casa mendocina de principios de siglo pasado.

“Por el lenguaje corporal, está claro que el gato estaba vivo cuando ingresó a la pared y murió desahuciado”, cuenta el antropólogo salteño Leonardo Mercado, colaborador del área de arqueología del museo.

Mercado es experto en momias andinas y fue quien examinó al gato amurado cuando el taxidermista del museo, Edgardo Aranguez, le avisó del hallazgo y le dijo: “Vení que tengo algo para vos”.

A simple vista se dio cuenta de que se trataba de una momia.

“Lo más curioso fue entender la manera en la que había sido momificado”, dice el investigador, refiriéndose al ejemplar que ya integra la muestra sobre “técnicas de conservación” del museo, curada por el taxidermista Aranguez.

Hallazgos que meten miedo

El gato exhibido en el museo de Ciencias Naturales y Antropológicas Cornelio Moyano en Mendoza
El gato exhibido en el museo de Ciencias Naturales y Antropológicas Cornelio Moyano en Mendoza

No es la primera vez que se encuentran los restos momificados de un gato dentro un muro doble, un piso, una bóveda o un ático sin salida.

Los más escépticos podrían pensar en una fatalidad: que el gato ingresó por sus propios medios a una trampa mortal de donde no pudo volver a salir.

Sin embargo, la aparición de ejemplares momificados en lugares por donde era imposible ingresar sin la ayuda humana hablan de una práctica relacionada con la religión, el ritual o el esoterismo, piensa Mercado.

Algo directamente relacionado con la brujería, las brujas y los aquelarres.

En el museo Wentworth de Florida, Estados Unidos, es famosa la momia bautizada como “Petrified Cat”, un gato duro como una piedra que fue hallado emparedado, dentro de un muro doble, en 1946, en perfectas condiciones de conservación.

Una pieza del Louvre
Una pieza del Louvre Crédito: Wikicommons

En Yorkshire del Norte, Reino Unido, a una pareja dedicada a comprar casas viejas para reciclar y luego vender, se les cayó literalmente por la cabeza la momia de un gato durante el retiro de un viejo techo en una vivienda del siglo XVIII.

Los diarios locales especularon con que el felino estuvo ahí por más de 100 años y reseñaron una antigua leyenda según la cual los gatos amurados servían como amuleto contra los “malos espíritus”.

El matrimonio británico declaró que enterrarían al gato momia en los cimientos de la nueva casa para seguir teniendo suerte.

Algo similar le ocurrió al inglés Adam White de Lancashire: se encontró con un gato momia durante la demolición del techo de su casa, pero él cree que el felino ingresó por sus propios medios y ya no pudo salir, “o simplemente subió para dejarse morir”, dijo.

Menos terrenal fue el descubrimiento de un gato momia durante la restauración del Palacio Arzobispal de Santiago de Chile.

El ejemplar momificado corresponde a un adulto joven, de acuerdo con las características de dientes y garras, y no presenta traumas, según explicó el veterinario que lo examinó, Óscar López.

En el arzobispado de Chile no formularon declaraciones sobre el hallazgo en el Palacio, construido en 1851.

Durante las obras de restauración del Museo Colonial de Bogotá, en Colombia, también hallaron un gato momificado, enterrado en los cimientos, a una profundidad de 1 metro.

“Es posible que se haya quedado atrapado”, dijeron, como salir del paso.

El gato subterráneo

Halcones, cocodrilos y sobre todo gatos momificados, por una cantidad de miles y miles, han aparecido en las excavaciones arqueológicas de Egipto.

La BBC calcula una cantidad de 70 millones de momias animales cubiertas con delicadas telas de lino y guardadas en sarcófagos como si fueran faraones.

La figura del gato ocupa varios capítulos dentro de la egiptología.

En El Cairo, esta veneración felina reviste actualidad, sobre todo para Abdo, un viejo tendero cairota que se ocupó de asistir a un gato salvaje que vivía bajo tierra.

La historia cuenta que Miso deambulaba por la estación de subte Naguib cuando, un día de 2010, se habría introducido por el agujero de una pared, y ya no pudo salir.

Abdo pasaba por ahí y escuchó los maullidos desesperados del felino; descubrió que el gato no tenía forma de salir, y se ocupó de alimentarlo todos los días, a través de ese pequeño agujero.

Miso vivió en el espacio que hay entre un panel de 4 metros de largo por 15 centímetros de ancho durante 5 años, hasta que una organización de defensa de animales hizo las gestiones para que sea liberado.

Cuando corrieron los paneles donde se encontraba atrapado, primero emanó un olor insoportable y enseguida salió Miso, vivito y coleando como un refusilo, sin siquiera detenerse frente al hombre que lo había alimentado durante mil ochocientos días.

No pudieron atraparlo: Miso se perdió por las entrañas de El Cairo y nadie supo nunca más nada de él, aun cuando celebraron que haya evitado su destino de momia emparedada.

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