Dicen que la vida está llena de sorpresas y Molly Harrison puede dar testimonio de eso. A la adolescente de Birmingham, Inglaterra, le diagnosticaron cáncer en 2017 y eso dio vuelta todos sus planes. Comenzó con tratamientos para combatirlo y tuvo que perderse su graduación por esto. Sin embargo, sus compañeros no lo permitieron: organizaron una fiesta de graduación sorpresa donde, además, recaudaron fondos para que continúe con su atención médica.

Molly sentía picazón, sudores nocturnos, cansancio y tos constantes. Pensó que todo se debía al estrés por sus exámenes, pero su mamá decidió llevarla al hospital de todas formas en julio de 2017. Allí, luego de una serie de pruebas, le diagnosticaron un linfoma no hodgkiniano de grado cuatro. “Pensamos que tenía asma, nunca se me cruzó que fuese cáncer”, recordó la joven ante portales locales.

Los estudios revelaron un tumor de 17 centímetros en su pecho, que ya había provocado el colapso de uno de sus pulmones, por lo que comenzó el tratamiento el día después de recibir el diagnóstico. Se sometió a cinco rondas de quimioterapia, seguidas de tres semanas de radioterapia.

Por lo tanto, luego de recibir los resultados sobresalientes de sus exámenes, tuvo que volver al hospital y perderse, así, su fiesta de graduación. “Estaba devastada. Ver imágenes y videos en redes sociales desde la clínica fue difícil. Sentí que me lo estaba perdiendo, así como los planes que habíamos hecho para el verano”, confesó.

Las compañeras de curso de Molly la visitan durante su primera internación.

Las compañeras de curso de Molly la visitan durante su primera internación.

Lo que Molly en ese momento desconocía es que sus amigas de colegio habían puesto en marcha los planes para la “Fiesta de graduación secreta”. Decidieron que no permitirían que la joven no pasase por esta experiencia común a todos los adolescentes, así que pusieron manos a la obra.

Invitaron a compañeros, docentes y a la familia de Molly a su propia celebración que, además, tenía el objetivo de reunir dinero para la fundación que ayudó a su familia a enfrentar los gastos de su tratamiento. “La parte más difícil fue mantener el secreto con Molly. Literalmente todos sabían menos ella”, contó una de sus compañeras.

Una tarde, las adolescentes se juntaron en la casa de Molly para conversar y vestirse de gala, con la excusa de que tenían una cena de beneficencia. Sobre el final, cuando ya todas estaban listas y no podían mantener el secreto por más tiempo, le explicaron todo sobre la fiesta sorpresa.

“Estaba asombrada. No tenía idea. Me quedé sin palabras. Les pregunté ‘¿hace cuánto que están organizando esto?’. Recuerdo mirarlas y pensar ‘¿es una broma?, ¿me están cargando?’”, declaró la adolescente de 17 años.

A la fiesta fueron invitados los compañeros, familia y amigos de Molly (centro).

A la fiesta fueron invitados los compañeros, familia y amigos de Molly (centro).

En el video puede verse la reacción de Molly, que rompe en llanto ante la emoción del momento y abraza a sus amigas. “Cuando entramos en el lugar la gente aplaudía. Era tan irreal. No me di cuenta de todas las personas que sabían o les importaba”, aseguró. “Ver a todos allí me mostró lo increíbles que son las personas cuando se unen”, reflexionó.

Sus compañeras vuelven a visitarla luego de varias rondas de quimioterapia.

Sus compañeras vuelven a visitarla luego de varias rondas de quimioterapia.

La noche fue un verdadero éxito. Todos bailaron sin importar las diferencias y lograron recaudar casi 2500 libras para la causa. “Finalmente, podemos decir que le dimos a Molly la fiesta de graduación que se merecía”, sentenció una de las organizadoras.

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