Se trata de una trastorno que si uno no lo ha padecido no logra entender. Porque, principalmente, los mismos panicosos no pueden explicar ese miedo irracional y permanente con el que cargan. Lo cierto es que afecta sensiblemente la calidad de vida.

Pero la ciencia le ha dado un duro golpe al ataque de pánico, que incluso creen puede ser de knock out. Sucede que un grupo de científicos logró identificar las “células de la ansiedad” ubicadas en el hipocampo del cerebro y, utilizando luz (una técnica llamada optogenética) consiguieron regular la ansiedad y el comportamiento de ratones de laboratorio. El próximo paso, sostienen, es la prueba en humanos.

El trabajo, realizado en conjunto por neurocientíficos del Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia y de la Universidad de California, en EE. UU., ayudaría a generar nuevos y más efectivos fármacos para luchar contra los trastornos de ansiedad, que además de los ataques de pánico incluye otros como la fobia social o el Trastorno Obsesivo compulsivo (TOC).

“Queríamos entender dónde está codificada la información emocional involucrada en la sensación de ansiedad en el cerebro”, comentó uno de los autores del estudio, el neurocientífico Mazen Kheirbek.

El estudio

Para la investigación, el equipo usó una técnica llamada imagen de calcio, insertando microscopios en miniatura en el cerebro de ratones de laboratorio para registrar la actividad de las células en el hipocampo a medida que los animales se abrían paso alrededor de un recorrido en la jaula. Sin embargo, la jaula del experimento no era una jaula ordinaria. Los científicos construyeron laberintos especiales donde algunos caminos conducían a espacios abiertos y plataformas elevadas, ambientes expuestos que inducen ansiedad en los ratones, debido a la vulnerabilidad creciente a los depredadores.

Lejos de la seguridad de las paredes, algo sucedió en los cerebros de los ratones: cuanto más ansiosos se comportaban, mayor era la actividad de las neuronas en una parte del hipocampo llamada ventral CA1 (vCA1). “Las llamamos células de ansiedad porque solo se activan cuando los animales están en lugares que les provocan un miedo innato”, explica Rene Hen, coautor del trabajo.

La salida de estas células se remonta al hipotálamo, una región del cerebro que, entre otras cosas, regula las hormonas que controlan las emociones. Debido a que este mismo proceso de regulación opera en las personas, los investigadores plantean la hipótesis de que las neuronas de ansiedad también podrían ser parte de la biología humana.

“Ahora que hemos encontrado estas células en el hipocampo, nos abre nuevas áreas para explorar ideas de tratamiento que no sabíamos que existían antes”, contó por su parte Jessica Jiménez, otra de las autoras del estudio.

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Usando una técnica llamada optogenética que hizo brillar las células en la región vCA1, los científicos lograron silenciar eficazmente las células de ansiedad y generar una actividad segura y libre de nerviosismo en los ratones. “Descubrimos que se pusieron menos ansiosos. De hecho, solían querer explorar los brazos abiertos del laberinto mucho más”, dice Kheirbek.

Al cambiar la configuración de la luz, los investigadores también pudieron mejorar la actividad de las células de ansiedad, haciendo que los animales temblaran incluso cuando estaban instalados de forma segura en un entorno cerrado y amurallado.

El siguiente paso será descubrir si el mismo interruptor de control en los ratones es el que regula la ansiedad en los humanos y, según lo que sabemos sobre las similitudes cerebrales con los ratones, parece plausible.

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