Entre todos los detalles que implica organizar una boda se encuentra la prueba del menú. Un momento crucial si los hay. Meghan Markle y el príncipe Harry, protagonistas de la boda real del año, también pasaron por esta instancia.

A cinco días del enlace, el chef del palacio de Windsor aseguró que la pareja “probó todo” y “participó en cada detalle” del menú.

Según Mark Flanagan, serán “platos clásicos ingleses” preparados con productos locales y de temporada -vegetales como espárragos, tomates, arvejas- que provienen de las huertas y fincas de la reina Isabel II.

No habrá una mesa larga para los 600 invitados si no que todo será preparado para comer de manera más informal y de parado, así los novios pueden charlas con la mayor cantidad de invitados. Canapés agridulces y comida en cuencos para comer con cuchara. Todo será acompañado por vinos y champagnes de la bodega de la reina.

En tanto, las 1200 personas que tienen permitido estar en los jardines del palacio deberán llevar su propio vianda.

“El día de la boda cayó muy favorablemente para nosotros. Todos los vegetales están entrando en temporada. Sabemos que la pareja quería asegurar que usáramos lo más posible todos los productos locales de temporada en todo el menú, y el reciente buen tiempo nos ha ayudado a conseguir eso”, dijo Flanagan, que liderará una brigada de 30 chefs que trabajarán entre las ollas de cobre de la cocina del castillo de Windsor, la más antigua del país, que ya sirvió a más de 30 monarcas desde el siglo XIV.

La recepción del mediodía será ofrecida por la reina Isabel II en el castillo de Windsor. Por la noche el festejo será mucho más exclusivo y se trasladará a Frogmore House, en las afueras de Londres. Solo 200 personas recibieron invitación.

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