Pastas, pizzas, hamburguesas, panes, jugos, tragos, postres. la tendencia de la comida negra crece y se instala en las redes sociales como una moda atractiva y original.

Los seguidores de Instagram se habrán percatado del aumento de la etiqueta #blackfood. Es una de las últimas tendencias de los conocidos como ‘foodies’, los amantes de la gastronomía en las redes sociales muestran y comparten sus tendencias con sus seguidores.

Pero el principal ingrediente para lograr el color de estos platos es el carbón activado, que cosecha críticas y elogios.

Procedente del carbón vegetal, de la cáscara de coco o del bambú, se somete a altas temperaturas hasta carbonizarse, y las cenizas resultantes se procesan con vapor o aire a temperaturas similares hasta conseguir una estructura microporosa.

Sus detractores señalan, entre otras cosas, que este colorante alimentario no aporta nada en lo nutricional, ni tampoco contribuye a descubrir nuevos sabores o potenciar los ya existentes.

El problema es que captura todas las moléculas que encuentra a su paso, sin distinguir entre las perjudiciales y las que no lo son. Así que al ingerir un helado o un pan negros, el carbono arrastra calcio, potasio y otros nutrientes y los expulsa con el carbón.

Un tema para prestar atención es que consumir esta sustancia podría contrarrestar los efectos de los medicamentos, al absorber parte de la dosis.

Por ejemplo, resta efecto a la píldora anticonceptiva si se toma antes de dos o tres horas de haber ingerido carbón activado. Se aconseja en los prospectos de éste que se venden en las farmacias.

En Estados Unidos se empezó a discutir si se debería advertir sobre esos efectos secundarios antes de servir comida o bebida de color negro.

Por otro lado, sus defensores, resaltan sus propiedades detox ya que el carbón activado es un preparado farmacéutico que actúa contra la flatulencia.

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