Mark Hamill es famoso por su buena onda. Siempre amable con sus fans, él es un artista que una y otra vez agradece el cariño del público, y en muy pocas oportunidades fue visto protagonizando algún episodio de mal humor. Y hace algunas horas surgió a la luz una vieja historia que prueba el gran corazón que posee el actor de Star Wars.

La historia la contó el guionista Ed Solomon en Twitter. El relato comienza en 1998, cuando el hijo de un amigo muy cercano de Solomon fue diagnosticado con Batten, una enfermedad terminal que aparece en la niñez. El pequeño estaba obsesionado con Star Wars, y miraba la trilogía original todo el tiempo. Producto de su fascinación con las películas, el niño hizo un pedido muy especial: conocer a Luke Skywalker.

Solomon recuerda que el deseo caló muy profundo en él, y que cuando su amigo se lo contó, decidió dar una mano: “Llamé a su manager y le expliqué que este adorable niño veía Star Wars todos los días y quería conocer no a Mark Hamill, sino al PERSONAJE que interpretaba. El manager algo a regañadientes respondió que llamaría a Mark, pero también me aclaró que no me hiciera ilusiones. Noventa segundos después me llamó Mark Hamill, inmediatamente me dijo que sí y pidió mi dirección”.

El guionista reveló que Hamill se presentó en la casa del niño al día siguiente caracterizado como Skywalker, y que eso “literalmente significó el mundo para el chico y su familia”. El padre del pequeño estuvo presente cuando el actor visitó a su hijo, y comentó sobre ese día: “Mark fue súper paciente y amable. Fue una de esas experiencias maravillosas”, y recordó que incluso Mark le llegó a decir: “No hay necesidad de apurarse. Mi tiempo es tu tiempo”.

El momento más tierno fue cuando el pequeño, entusiasmado por la visita de Luke, preguntó si podría conocer también a la princesa Leia. Mark le respondió: “Le preguntaré”, y algunas horas después llamó al padre para contarle que había hablado con Carrie Fisher, y que ella solo le preguntó “cuándo y dónde”. Lamentablemete, la salud del niño empeoró considerablemente y Fisher nunca llegó a concretar su visita.

En Twitter la historia se esparció y llegó a oídos del propio Mark Hamill, que entre otras cosas escribió: “No hay sonido más dulce que el de un niño riendo”.

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