El premiado periodista y fotógrafo Kadir van Lohuizen partió de su ciudad, Ámsterdam, para documentar cómo se las arreglan otras, o desarreglan, con la basura. Había mucho material disponible para el cofundador de la agencia de noticias sociales Noor: cada día el mundo genera al menos 3,5 millones de toneladas de desperdicios sólidos, 10 veces más que hace un siglo. Y a este ritmo, a finales del XXI la cifra se ubicará en unos 11 millones de toneladas.

En los Estados Unidos una persona promedio tira por mes a la basura el equivalente a su propio peso corporal. “Sin dudas Nueva York genera, por lejos, la mayor cantidad de basura de las ciudades que visité”, escribió en The Washington Post. “La gente en el área metropolitana arroja 33 millones de toneladas al año”.

En Japón, en cambio, cada mes el ciudadano promedio deja en la basura el equivalente a dos tercios de su peso. Y en Lagos, la ciudad más grande de Nigeria, el área metropolitana produce 15 veces menos residuos que Nueva York.

San Pablo: Transbordo Ponte Pequena es una planta procesadora de basura. Su tecnología avanzada convive con actividades manuales. (Kadir van Lohuizen/Noor/The Washington Post)
San Pablo: Transbordo Ponte Pequena es una planta procesadora de basura. Su tecnología avanzada convive con actividades manuales. (Kadir van Lohuizen/Noor/The Washington Post)

Esas son sólo algunas de las diferencias que halló Van Lohuizen en su investigación. “En Europa y en los Estados Unidos nuestra basura es mayormente invisible una vez que se la arroja; en otras partes del mundo es más evidente, en vertederos a veces en el medio de las ciudades“, ilustró. “A medida que un país se vuelve más rico, cambia la composición de sus desperdicios: hay más envoltorios, componentes electrónicos, juguetes y electrodomésticos rotos, y relativamente menos material orgánico”.

Un problema específico es el plástico. En el mundo se producen más de 300 millones de toneladas de plástico cada año. Es tan poco lo que se recicla que “hacia 2050 habrá tanto plástico en los océanos que superará a los peces”, advirtió el periodista y fotógrafo. Las 270.000 toneladas que ya flotan a la deriva representan 5.250 billones de elementos.

Nueva York

Cartones apilados en Manhattan. (Kadir van Lohuizen/Noor/The Washington Post)
Cartones apilados en Manhattan. (Kadir van Lohuizen/Noor/The Washington Post)

Los Estados Unidos son uno de los máximos generadores de basura del mundo, y su mega-ciudad se destaca por un problema en particular: su gran densidad de población. “En la mayoría de los lugares del mundo, la riqueza creciente se asocia con un incremento en la producción de basura. Pero aquí también la población más pobre contribuye con una considerable cantidad de desperdicios, en buena parte envoltorios de comida rápida”, ilustró Van Lohuizen en The Washington Post.

(Kadir van Lohuizen/Noor/The Washington Post)
(Kadir van Lohuizen/Noor/The Washington Post)

Con todo, Nueva York tiene políticas que la ubican por delante de otras ciudades de ese país. El papel, las botellas plásticas y las latas se separan para su reciclado. El único problema es que la industria del recupero es tan pequeña que el resto de los desperdicios, que constituyen la mayor parte, terminan en vertederos o incineradores fuera del estado. Una de las propuestas del plan Basura Cero, del alcalde Bill de Blasio, es eliminar esa transferencia del problema a otros territorios hacia 2030.

San Pablo

Rara vez se vacían los contenedores en las calles, como estos de la barriada Jardim Elisa Maria. (Kadir van Lohuizen/Noor/The Washington Post)
Rara vez se vacían los contenedores en las calles, como estos de la barriada Jardim Elisa Maria. (Kadir van Lohuizen/Noor/The Washington Post)

En la gran megalópolis sudamericana y en sus entornos viven unos 21 millones de personas. “Como la cantidad de habitantes de clase media y clase alta creció durante la última década, San Pablo ha producido cada vez más basura”, según el autor de esta investigación. “La mayor parte termina en vertederos”.

La basura se recoge a diario, excepto los domingos, para lo cual los vecinos las sacan a la calle, frente a sus casas, en bolsas. Pero antes de que pasen los camiones recolectores de residuos, los catadores (palabra en portugués para lo que en Hispanoamérica se conoce como pepenadores, cartoneros o buzos) seleccionan el material, que luego llevan y venden a empresas procesadoras. Se trata de trabajadores oficialmente reconocidos como tales y organizados en cooperativas.

Ámsterdam

Los trabajadores recogen la basura en pleno centro de Ámsterdam. (Kadir van Lohuizen/Noor/The Washington Post)
Los trabajadores recogen la basura en pleno centro de Ámsterdam. (Kadir van Lohuizen/Noor/The Washington Post)

La mayor parte de los desperdicios que generan las 900.000 personas —o más de 2 millones si se consideran las afueras— se incinera, una vez que se rescatan los metales. También se quema basura de Gran Bretaña: como el Reino Unido no tiene incineradores suficientes, y los holandeses tienen capacidad ociosa en los suyos, brindan ese servicio.

Un departamento especial se dedica a mantener los canales libres de desperdicios. (Kadir van Lohuizen/Noor/The Washington Post)
Un departamento especial se dedica a mantener los canales libres de desperdicios. (Kadir van Lohuizen/Noor/The Washington Post)

Se espera que hacia fin de año una nueva instalación se ocupará de recuperar plásticos y otros reciclables, pero difícilmente logre manejar la gran cantidad de basura de la ciudad. Para reducir la cantidad de plástico, los comercios cobran por las bolsas. En cuanto al papel y el vidrio, los holandeses los separan y se cuentan entre el 28% de los desperdicios que se reciclan.

Tokio

El incinerador provee la energía para el jacuzzi en las inmediaciones de Toshima. (Kadir van Lohuizen/Noor/The Washington Post)
El incinerador provee la energía para el jacuzzi en las inmediaciones de Toshima. (Kadir van Lohuizen/Noor/The Washington Post)

El área metropolitana de Tokio es de las más pobladas del mundo: 36 millones de personas. Produce unas 12 millones de toneladas de desperdicios cada año. La combinación de esos factores implica que no haya dónde poner la basura. “Constreñida por la falta de espacio, Tokio pone gran énfasis en reciclar. Tiene 48 incineradores, que también convierten la basura en energía”, explicó Van Lohuizen. Por eso en los hogares se separan botellas, latas, papel y elementos combustibles y no combustibles, que se recogen en días diferentes.

Kadir van Lohuizen, fotoperiodista freelance y miembro fundador de la agencia Noor, ha trabajado temas como las guerras, los ríos más importantes del mundo, el peligro del crecimiento de los mares, la explotación ilegal de diamantes y el impacto de las migraciones. 

Sus fotos para este trabajo fueron editadas por Nick Kirkpatrick y MaryAnne Golon para The Washington Post.

Deja un comentario