La inclinada Torre de pisa y su inclinación de 5.5 grados ha irritado a los ingenieros durante siglos.

Construido en un suelo poco sólido, el antiguo campanario comenzó a inclinarse incluso antes de que estuviera terminado, algo que se convirtió en una de las rarezas históricas del mundo que hizo que la torre fuera declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

¿Cómo puede algo estructuralmente poco sólido perdurar durante cientos de años en una región propensa a terremotos? El profesor George Mylonakis quería saber por qué.

La torre del noroeste de Italia ha logrado sobrevivir a dos guerras mundiales, millones de visitas turísticas y, al menos, cuatro fuertes terremotos que han afectado a la región desde 1290, según Phys.org. Uno de esos temblores fue mayor a 6.0 en la escala de Richter.

Mylonakis, un profesor de ingeniería que estudia la geotecnia y la interacción suelo-estructura, además de una docena de investigadores dieron con una respuesta que involucra ese famoso suelo blando y un término denominado “interacción dinámica suelo-estructura”.

Según Phys.org, los ingenieros determinaron que la altura y la rigidez de la torre, “combinadas con la poca solidez del suelo de la base, hacen que las características vibratorias de la estructura se modifiquen sustancialmente, de modo que no afecte a la torre con un terremoto o un movimiento de tierra”.

Entonces, durante un sismo, lo torre no tiembla tanto como la superficie que está a sus pies, desafiando aún más la gravedad.

“Irónicamente, el mismo suelo que causó la inestabilidad y llevó a la torre al borde del colapso es el mismo que la ha ayudado a sobrevivir a estos eventos sísmicos“, contó Mylonakis en el sitio web.

Los investigadores solo han publicado algunos de sus hallazgos. Esperan dar a conocer el resto de su estudio en las próximas semanas en la Conferencia Europea sobre Ingeniería de Terremotos en Grecia.

El aislamiento de la torre frente a los terremotos no significa que el edificio pueda acabar cayendo.

De hecho, la construcción ha ido asentándose a lo largo de su historia y en la primera parte del siglo XX estaba en peligro real de caída.

En 1990, el gobierno italiano cerró la torre a los visitantes y comenzó un proyecto de restauración que duró una década, según explica la revista Smithsonian. Los restauradores pusieron 900 toneladas de contrapeso de plomo en el lado norte de la torre, mientras pensaban en un mejor plan para frenar su descenso.

Tal y como escribió Jane Morley en The Washington Post en 1998:

El plan implica erigir una estructura estacionaria en forma de A en el lado norte y extender los cables a una especie de eslinga o arnés alrededor de la sección media“.

“Esto es para mantener la estructura en su lugar mientras las cuadrillas comienzan a remover pequeñas cantidades de tierra del lado norte. Presumiblemente, esto hará que ese lado se mueva o se hunda ligeramente, girando la torre hacia el norte aproximadamente un grado”.

Los ingenieros también instalaron equipos que les permitieran hacer ajustes en la presión del agua debajo de la torre, controlando aún más la inclinación.

Toda esa construcción fijó la inclinación un poco: de 5.5 a 3.9 grados.

Pero, lo que es más importante, significaba que la torre no estaba en peligro de caerse solo por los efectos de la gravedad.

Es extremadamente improbable que los cimientos de la torre fallen“, dijo a la revista John Burland, uno de los líderes del proyecto de restauración. Si algo provoca que la torre se derrumbe “es mucho más probable que se deba a un terremoto muy grande que a un problema con los cimientos o la superficie”.

Y de nuevo, tal vez no.

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