Si algo funciona hay que encontrar una alternativa que se parezca pero que a la vez se debe presentar como novedosa. Ocurre en la moda, en la tecnología, en el arte y también en el terreno gastronómico.

En los últimos meses las redes sociales empezaron a inundarse con ‘pink lattes’, el café rosa que se prepara con remolacha, cuyo pigmento llamado betalaína le da un color rojo intenso, que al mezclar la esencia del vegetal con la leche se vuelve rosado como resultado final.

A esa última tendencia en bebida ya le salió un competidor: el “blue latte”, que en realidad surgió hace un par de años en Australia y volvió a popularizarse tras el boom de su hermana rosa.

El blue latte está hecho a base de espirulina, un extracto de algas verdeazuladas originarias de Australia. Además, lleva café descafeinado, limón, jengibre y leche de coco. Se trata de un producto vegano y antioxidante pero cuyo atractivo principal es el color.

La espirulina tiene una alta concentración de proteínas y más de 65 tipos de vitaminas, según el Global Healing Center de los Estados Unidos. También aseguran que es rica en minerales y aminoácidos. En la Argentina, este alimento se comercializa solo en tiendas online.

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