La muerte es inevitable en cualquier punto del planeta salvo en una pequeña localidad noruega: Longyearbyen. Allí nadie puedo morirse. Es ilegal. Está prohibido.

La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, la red de seguridad para el recurso natural mas importante del mundo.Allí están custodiadas las variedades únicas de nuestros mas importantes cultivos. Una verdadera Arca de Noé. En Longyearbyen, debido a sus extremas temperaturas. AFP

La Bóveda Global de Semillas en Longyearbyen, lugar ideal debido a sus extremas temperaturas. AFP

El gobierno implementó la medida en 1950. Y aunque suene ilógica tiene un costado realista. Las temperaturas en Longyearbyen son tan bajas que impiden que los cadáveres se descompongan. Y si alguien muere por una enfermedad contagiosa, el virus puede expandirse. Una bomba de tiempo mortal.

El cementerio del pueblo donde los cientificos, en 1998, exhumaron varios cuerpos de marineros y encontraron en ellos cepas de la célebre gripe española de 1918, una pandemia que diezmó Europa. AP

El cementerio del pueblo donde los cientificos, en 1998, exhumaron varios cuerpos de marineros y encontraron en ellos cepas de la célebre gripe española de 1918, una pandemia que diezmó Europa. AP

Por eso, cuando alguien enferma gravemente en Longyearbyen, es trasladado a la Noruega continental. La ley noruega permite a los familiares de los fallecidos cremar los cuerpos y esparcir las cenizas en los alrededores de Longyearbyen, pero casi nadie lo hace.

En 1998, un equipo de investigadores noruego exhumó varios cuerpos de marineros y encontró en ellos cepas de la célebre gripe española de 1918, una pandemia que diezmó Europa. Por eso, nada de muertos en Longyearbyen. No sea cosa que se desate otra epidemia como aquella.

Los científicos trabajando en 1998 en las exhumaciones. AP

Los científicos trabajando en 1998 en las exhumaciones. AP

Por eso, los que se enferman de gravedad tiene que volar tres horas para llegar a Oslo. Allí pueden recuperarse o morir.

En Longyearbyen, durante cuatro meses no es de día. Hay que tener cuidado, el pueblo tiene 2.000 habitantes y los osos polares son varios miles más. Por eso, sus habitantes están autorizados a portar rifles si salen de los límites de la ciudad.

La ley de 1950, que obliga a emigrar para no morir allí, ya dejó de ser una anécdota y los habitantes del lugar lo toman con naturalidad.

La Bóveda Global de Semillas de Svalbard inaugurada en 2008 (AFP).

La Bóveda Global de Semillas en Longyearbyen. AFP

Saben que el frío es impiadoso, con temperaturas que a veces llegan a los 46° bajo cero y en verano la máxima es de 18°. Por eso nada de muerte en el lugar, con un cementerio que está vacío desde 1968 y con una ley que no sólo obliga a los enfermos graves a marcharse. También lo deben hacer las embarazadas al séptimo mes para dar a luz en otras ciudades de Noruega.

Raro lugar el de estas islas noruegas descubiertas por el holandés Willem Barents en 1596. La vida es tranquila, pero se les impide una norma elemental a cualquier ser humano: morir.

Deja un comentario