Daniel Ortega contestó finalmente a los obispos nicaragüenses, eso sí, de forma indirecta: señaló a funcionarios de Estados Unidos que estaría dispuesto a adelantar las elecciones presidenciales a 2019 en un intento de aplacar la rebelión popular de 56 días, convertida hoy en un baño de sangre con 146 muertos. La propuesta se concretó el fin de semana pasado tras la reunión previa que el jefe del Estado sostuvo con la Conferencia Episcopal, que oficia como mediadora y testigo en la Mesa de Diálogo Nacional.

La encargada de transmitir la solución ideada desde el poder sandinista fue la embajadora de Estados Unidos, Laura Dogu, quien contó este fin de semana con la asistencia de Caleb McCarry, enviado del senador republicano Bob Corker, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

Se da la circunstancia de que en abril Corker viajó a Caracas y se entrevistó con Nicolás Maduro, fiel aliado de Managua, para conseguir la liberación de Joshua Holt, el misionero mormón acusado de espionaje. Los plazos ofrecidos por Ortega a los estadounidenses coinciden con los cambios electorales planteados por la OEA, también para el año que viene.

La noticia fue filtrada a la opinión pública a través del líder campesino Medardo Mairena y recogida por el periodista Carlos Fernando Chamorro. “Ortega está proponiendo adelantar las elecciones cuando nosotros estamos pidiendo su renuncia”, acotó Mairena, que forma parte del grupo de la sociedad civil, quien junto a los estudiantes y a los empresarios se sientan frente al gobierno en la Mesa del Diálogo Nacional.

“El grito de la gente es que se vaya”, le espetó al presidente, el monseñor Silvio José Báez, obispo auxiliar de Managua, durante la reunión del jueves pasado, planteada ante la escalada de un conflicto que crece cada día y en un intento de buscar una salida al oscuro callejón al que la represión gubernamental ha conducido al país.

Hasta ahora, la propuesta de democratización de la Conferencia Episcopal obtuvo como respuesta “más represión de Daniel Ortega”, denunció el obispo Juan Abelardo Mata. Los obispos incluyeron en su agenda, además del adelanto electoral, una ley de transición, el restablecimiento del Estado de Derecho y una reforma electoral para que no se repitan las elecciones de 2016, sin condiciones democráticas, con partidos ilegalizados, candidatos inhabilitados y un Consejo Nacional Electoral controlado por el sandinismo.

Nicaragua vive hoy sumida en el caos, entre barricadas y trancones, con jóvenes y ciudadanos enfrentando a las poderosas huestes paraestatales, que cuentan con el apoyo de la Policía Nacional.

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