El presidente de Nicaragua , Daniel Ortega, y la vicepresidenta, Rosario Murillo, llegaron al Seminario de Fátima, sede del diálogo nacional en Managua, con gritos de ¡asesinos!, y se fueron dos horas después con las mismas acusaciones. Entre ambos momentos, mucha tensión dentro de la sala en un debate retransmitido al país que tuvo un momento estelar, cuando los jóvenes nombraron uno a uno a los caídos en las protestas antigubernamentales, acompañados de una palabra, ¡presente!, que emocionó a parte de los presentes.

Otra frase, disparada por el dirigente estudiantil Lesther Alemán a pocos metros del mandatario, fue coreada por sus compañeros: “Esta no es una mesa de diálogo, es para ver su salida”.

Nada parecido había ocurrido en Nicaragua durante los 11 años de la segunda etapa del orteguismo, tiempo durante el cual la pareja presidencial ha tomado casi todos los poderes del Estado, copiando la hoja de ruta del chavismo. La principal certeza que tuvieron los convocados a la negociación por la Iglesia, tras escuchar las palabras de Ortega, es que mantener todos esos poderes es su principal baza.

“Daniel Ortega desperdició una oportunidad única para reivindicarse ante Nicaragua al iniciar el diálogo nacional. Debió haber ordenado el cese de la represión y la supresión de grupos paramilitares”, sentenció más tarde monseñor Silvio José Báez, el obispo auxiliar de Managua, presente como uno de los testigos y mediadores de la Iglesia.

La realidad es que Ortega no salió bien librado del primer encuentro con obispos, empresarios, estudiantes, campesinos y sociedad civil. Incluso uno de sus comandantes en la guerrilla, Bayardo Arce, intentó introducir a destiempo una propuesta de nueva reforma para el seguro social, que fue desestimada.

Los detractores de la pareja presidencial consideran que ambos acuden dispuestos a mimetizar el guion bolivariano de Nicolás Maduro, siempre dispuesto a dialogar y nunca a realizar concesiones importantes. El bando oficialista llega al cónclave “para desmontar la resistencia ciudadana a cambio de algunas concesiones cosméticas”, avisó el exdiputado Enrique Sáenz, una de las principales voces de la disidencia sandinista.

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