Las cifras oficiales ya se han hecho públicas y la retransmisión la madrugada del domingo a lunes de los Oscar alcanzó un minímo histórico. Según Variety, en EE UU 26,5 millones de espectadores –alrededor de un 19% menos que en 2017– sintonizaron la gala, convirtiéndola en la menos seguida de la historia desde que se tienen estos datos.

Una vez más se confirma que la ceremonia de entrega de los premios de la Academia de Hollywood es incapaz de atraer la audiencia que hace años congregaba. A pesar de que los números resultan decepcionantes, no significan tanto el final de los Oscar sino de una prueba más de que los tiempos han cambiado.

Sea cual fuera la razón para esta caída, no se debe a una falta de interés por Hollywood ni tampoco al desconocimiento de las películas nominadas. Como Deadline ha destacado, La forma del agua es la ganadora con mejor recaudación del último lustro. Además, una de las nominadas de la terna, Sácame de aquí, fue un auténtico fenómeno en la taquilla, y obtuvo una respuesta entusiasta especialmente del público joven. Por lo tanto, el argumento habitual sobre el envejecimiento de los espectadores de la gala y los problemas de la Academia para identificar las películas que realmente apelan al público este año está fuera de lugar. Si no fuera suficiente, el movimiento Time´s Up ha tenido una repercusión a nivel mundial y Hollywood lo representa ejemplarmente, con sus esfuerzos por liderar la causa contra el acaso sexual y las conductas inapropiadas en el entorno labortal.

¿Por qué entonces no siguió más gente la retransmisión del pasado lunes? No fue porque las películas fueran pequeñas o la gala demasiado política. Tampoco, como Mark Harris, periodista de New York Magazine, expresó en Twitter, porque gran parte de la retransmisión estuvo dominada por anodinos “montajes sobre la magia del cine”. La razón es mucho más sencilla: la audiencia de los Oscar ha bajado por el mismo motivo que ha hecho que bajen los del resto de programas.

Los espectadores de la televisión se han desplomado en todas las franjas y contenidos a medida que los servicios de streaming se han inundado con más series y películas de las que nunca habían estado disponibles. En una era en la que la las opciones y plataformas son infinitas, los programas ya no pueden alcanzar las cifras de antaño.

A eso hay que añadir que los parámetros de Nielsen sólo identifican a los espectadores tradicionales y no contabilizan el seguimiento en otras plataformas, entre ellas la retransmisión en streaming. Este es uno de los motivos principales por los que estas cifras resultan cada vez más dudosas a la hora de realizar cualquier análisis sobre audiencias.

Quizá más alarmante que esta caída es el hecho de que la conversación en redes sociales sobre el evento también bajó este año. Según Fizziology, las menciones disminuyeron un 28% en comparación con la edición anterior, aunque es muy probable que esta diferencia se deba a la confusión que se produjo al anunciar la ganadora del Oscar a la mejor película, que era terreno abonado para generar incontables tuits y publicaciones en Facebook. La conversación giro en torno a la representación inclusiva y diversa, con Guillermo del Toro, el filme Coco y el premio al mejor guión original aJordan Peele (Sácame de aquí) como máximos exponentes.

La audiencia de los Oscar está experimentando los mismos problemas que han afectado al común de los programas de televisión, que van de galas de premios a eventos como los JJ OO o las series de ficción. No hay motivos para pensar que esta tendencia a la baja vaya a revertirse. Así que, al menos por ahora, quizá lo mejor sea reajustar las expectativas.

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