Pese a que reparamos en su presencia sólo cuando brotan por una gran alegría o una profunda tristeza, al picar cebolla o cuando se nos mete una piedrita en el ojo, las lágrimas están siempre presentes. No son todas iguales, hay tres tipos diferentes.

Tres tipos de lágrimas

Lágrimas basales: son las que lloramos todo el tiempo y son producidas por las glándulas lagrimales, de meibomio y las caliciformes. Cada persona genera una media de 300 mililitros diarios de lágrimas (es decir, ¡114 litros al año!). Constantemente, llegan al ojo y se van a través del punto lagrimal. Poseen tres capas: una proteica -en contacto con la superficie corneal-, la del medio -más abundante de agua- y la externa -de lípidos-. Además, las lágrimas contienen una gran cantidad de factores de crecimiento que estimulan la cicatrización en caso de producirse una úlcera, y nutrientes como glucosa, que forma parte del principal combustible de las células. Su función es lubricar y nutrir la superficie ocular, y si los ojos están sanos, no se nota su presencia.

Lágrimas reflejas: son las que produce el ojo cuando ingresa un cuerpo extraño o al cortar una cebolla -debido a la liberación de ácido sulfénico y propanotial-. Son un mecanismo de defensa del organismo al intentar barrer el cuerpo extraño o diluir el agente irritante, aumentando su producción. Además de producirse en grandes cantidades, contienen anticuerpos que protegen frente a gérmenes y bacterias.

Lágrimas reflejas son las que se producen al entrar en contacto con ácidos o cuando entra un cuerpo extraño en el ojo.

Lágrimas reflejas son las que se producen al entrar en contacto con ácidos o cuando entra un cuerpo extraño en el ojo.

Lágrimas emocionales: son las que se liberan durante un estado de tristeza o felicidad, y contienen mayor cantidad de hormonas. Diversos estudios han descubierto que las emocionales tienen un contenido más alto en hormonas de estrés, como la ACTH o encefalina. Así, al llorar, se elimina parte de las hormonas que producen estrés y, simultáneamente, un calmante natural -encefalinas- promueve una sensación de bienestar. Por eso, las personas que lloran después sienten mejor.

¿Por qué son saladas?

Porque el organismo es salado, es decir, el medio interno como la sangre y restos de fluidos -como el sudor- son salados. Esto se debe a dos electrolitos del cuerpo -sodio y potasio-, que regulan el pasaje de líquido a los diferentes tejidos corporales mediante la generación de un gradiente osmótico.

La concentración de sales actúa, además, como mecanismo de defensa contra ciertos microorganismos.

La alteración de esa concentración no es buena. Existen patologías como el ojo seco en donde aumenta la concentración de sales en las lágrimas, generando un cuadro de hiperosmolaridad, es decir, la cantidad total de sales es la misma, pero como disminuye el contenido acuoso, éstas se concentran. Esta hiperosmolaridad genera inflamación en la superficie ocular con cuadros de dolor, sensación de cuerpo extraño y ojo rojo.

En las personas con diabetes se da otro tipo de alteración. En ellas se incrementa el componente de glucosa, lo que les otorga a las lágrimas un sabor más dulce, cualidad que se podría emplear para monitorear los niveles de glucosa a través de las lágrimas, precisa el especialista. Esta tecnología está en desarrollo y, actualmente, están en proceso lentes de contacto que monitorearían en forma permanente los niveles de azúcar.

¿De dónde viene la expresión lágrimas de cocodrilo?

Proviene de la antigua creencia de que los cocodrilos lloran mientras devoran a su presa. Esto no se debe a que el cocodrilo sienta tristeza, sino a un reflejo en donde al masticar se estimula la producción de las glándulas salivales y lagrimales. Se atribuye esta expresión a aquellas personas que lloran simulando una pena, como los chicos cuando hacen berrinches. También, existe un síndrome denominado lágrimas de cocodrilo, que se observa en pacientes que sufren parálisis facial y liberan lágrimas al masticar.

¿Qué es el ojo seco?

El 80 % de los ojos secos se debe más a una alteración en la calidad de la lágrima que a la cantidad de ésta. Se observa en una de las capas de la lágrima, la lipídica, producida por las glándulas de meibomio, ubicadas detrás de las pestañas.

En los casos leves de ojo seco, el tratamiento suele ser el uso frecuente de lágrimas artificiales.

En los casos leves de ojo seco, el tratamiento suele ser el uso frecuente de lágrimas artificiales.

La principal causa de su disfunción es la obstrucción de sus orificios, producto de coágulos lipídicos o membranas fibrosas que cubren el drenaje. Esto genera un sobrecrecimiento de bacterias en su interior y en la base de las pestañas. Estos microorganismos producen exotoxinas que inflaman el párpado y la superficie ocular. Dado que se trata de una patología crónica, con el paso de los años, las bacterias desarrollan un escudo que las protege de los antibióticos denominado biofilm.

Su tratamiento consiste en la refuncionalización de las glándulas de meibomio con su desbloqueo y atacando el sobrecrecimiento bacteriano.

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