El presidente ruso, Vladimir Putin, inaugurará hoy el Mundial de Fútbol sólo con sus aliados y mandatarios más cercanos. La disputa con las potencias occidentales por su agresiva política regional, actos de espionaje y manejo de los derechos humanos redujo sensiblemente la presencia de personalidades internacionales, y lo dejaron aislado.

Se está dando algo similar a lo ocurrido en los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014, donde la anexión de la península ucraniana de Crimea por parte de Moscú llevó a que la mayoría de los mandatarios occidentales faltaran a la cita, impidiendo que fuera un éxito organizativo.

Putin, que lleva 18 años en el poder, no es un amante del fútbol y raramente ha pisado un estadio. Pero tuvo que meterse de lleno para que en este caso la organización no fracase. “Nuestro país está listo para acoger la Copa Mundial de la FIFA”, dijo ayer al inaugurar el congreso de ese organismo que se celebra en Moscú, en el que deseó a todos los delegados “una labor productiva y exitosa”.

El Kremlin informó que el presidente ruso estará acompañado en la inauguración por los presidentes de Bolivia, Evo Morales; de Paraguay, Horacio Cartes, y el de Panamá, Juan Carlos Varela. También estarán el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salman, el jefe de Estado de Ruanda y el primer ministro del Líbano, además de líderes de ex repúblicas soviéticas como Armenia, Kazajistán, Kirguistán y Azerbaiyán.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, junto a dos leyendas del fútbol: el brasileño Pelé y Diego Armando Maradona, en diciembre de 2017, cuando se sorteaba el fixture del Mundial de Rusia 2018 (AFP).

Se trata de invitados amigos ya que la gran mayoría de estos países no participarán de la Copa Mundial ya que sus selecciones no lograron clasificarse.

Rusia está sujeta a sanciones por parte de países de occidente después de anexar en 2014 a la península de Crimea, antiguo territorio ucraniano, y apoyar a rebeldes en el este de esa nación, con una guerra interna que causó centenares de muertos.

Este año, incluso, muchos países han retirado a sus diplomáticos de Moscú tras el caso de envenenamiento del ex espía ruso Sergei Skripal en Gran Bretaña. Londres apuntó a Moscú y lo acusó de estar detrás de ese ataque. Como forma de protesta, no irá la primera ministra Theresa May ni miembros de la realeza. Quizás por eso a Rusia viajarán muchos menos aficionados ingleses que en anteriores Mundiales.

En solidaridad con el Reino Unido, Australia se plegó a la iniciativa, pese a que su selección compite en el Mundial de Rusia.

Otro temas que provocó la reacción de las potencias occidentales fue la actuación militar de Rusia en Siria, donde respaldó al régimen de Bashar al Assad, con cruentas matanzas de civiles. Pese a las presiones de Estados Unidos y países europeos, Putin logró mantener el control del país árabe en manos de su aliado.

Finalmente está la situación de los derechos humanos en la Federación Rusa, donde los dirigentes opositores son perseguidos y encarcelados. Gracias a su política de mano dura Putin no tiene rivales que confronten su poder. El derecho a la libre manifestación y las libertades sexuales están sumamente restringidas.

Pese a las ausencias, no se trata de un boicot comparable al de los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, aprovechado por Estados Unidos para castigar al gobierno de la entonces Unión Soviética por su intervención en Afganistán. En ese caso no sólo los dirigentes no viajaron a Moscú, sino que medio centenar de países se negaron a competir, aunque varias naciones occidentales, como el Reino Unido o España, ignoraron el boicot.

Ahora, las 32 selecciones clasificadas para el torneo acudirán a competir, incluida la de Reino Unido, a pesar de que Londres ha liderado la campaña de boicot tras el envenenamiento de Skripal.

Polonia, que mantiene desde hace años unas tensas relaciones con Rusia, tampoco tendrá representación política en el Mundial, al igual que Dinamarca, Suecia e Islandia, que debuta en el torneo.

La canciller alemana, Angela Merkel, no confirmó si viajará a Rusia. Pero aunque algunos la exhortaron a quedarse en casa para no legitimar las agresivas políticas del jefe del Kremlin, siendo una gran aficionada al fútbol de la selección es probable que viaje si el equipo llega a las semifinales o a la final.

“Podemos diferenciar” entre fútbol y otros temas que están dividiendo a Rusia y Occidente, afirmó Merkel. Lo mismo se puede decir del presidente francés, Emmanuel Macron, un crítico de la política rusa en Siria y Ucrania.

Dentro de este crítico panorama, Putin sólo tuvo el respaldo del líder chino, Xi Jinping, con el que firmó una declaración donde hacía énfasis en que la política no debe entrometerse en el deporte. Pero no irá Xi, sino un dirigente de menor rango.

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