Once días, seis capitales y una ciudad que alguna vez lo fue. El Regal Princess, botado hace apenas tres años, navega y hace escala en mucho de lo mejor que el Báltico ofrece.

El itinerario está pensado para comenzar en Copenhague, pero la compañía ofrece la posibilidad de abordarlo también en Berlín (Wardemunde) o en San Pertesburgo, lo que deja más alternativas a la hora de planificar un viaje generalmente combinado con algunos días en tierra.

Las ciudades a visitar son Copenhague (Dinamarca), Oslo (Noruega), Berlín (Alemania), Tallin (Estonia), San Petersburgo (Rusia), Helsinki (Finlandia) y Estocolmo (Suecia). El barco puede llevar hasta 3560 pasajeros y 1346 tripulantes. Tiene 1400 balcones y el gesto gracioso de su seawalk, una pasarela de piso transparente que sale del barco y donde uno tiene la sensación de estar colgado sobre el mar. Además, todo lo que se sabe tienen estos cruceros: restaurantes (de comida italiana, de carnes o de sushi manejados por chefs de fama internacional), spa, piletas, casino, teatros y un largo etcétera. Algo destacable: siempre hay una persona hispanohablante en la recepción, además de menú, excursiones, televisión y anuncios en español.

Estocolmo, una de las escalas más esperadas
Estocolmo, una de las escalas más esperadas. Foto: Sebastián Arauz

Al comenzar o terminar el periplo lo aconsejable es permanecer algún tiempo extra en tierra. Con tres días antes o después en el puerto de partida o de llegada la experiencia mejora sustancialmente. Para tener en cuenta: el barco llega a la mañana temprano a San Petersburgo y parte al día siguiente por la tarde. De esa manera hay dos jornadas completas en una ciudad cuya oferta es abrumadora.

Con diferencias entre sí, cada parada de un crucero no alcanza para conocer la ciudad que visita. Es necesario optar y, consecuentemente, desechar. Lo que sigue es un repaso por los puntos destacables de cada sitio en este viaje por el Báltico, según un criterio que sólo puede tomarse como orientación tentativa.

Copenhague: a caminar

Al ser esta ciudad el comienzo del viaje lo aconsejable es llegar antes y no estar restringido por el tiempo de estadía del barco en puerto. Hacia el norte hay tres sitios interesantes que pueden reunirse en una misma excursión: el castillo Frederiksborg, el palacio de verano de la familia real Fredensborg y Kronborg, el castillo en el que se inspiró Shakespeare para escribir Hamlet.

A Copenhague hay que andarla, muy atento a las bicicletas y sin entrometerse en las ciclovías. La zona peatonal de Strøget es obligada (imperdible, el Royal Smushi Café en Amagertorv 6). Igual que Amalienborg Palace, la residencia de la familia real, donde a las 12 es el cambio de guardia. Desde allí hay una excelente vista de la moderna ópera de Copenhague.

Al este de Amalienborg está la famosa sirenita, símbolo de Copenhague. Evoca al cuento de Han Christian Andersen, que está enterrado en el cementerio de Assistens, un importante pulmón del distrito de Nørrebro.

El Ayuntamiento y su plaza son el corazón de la ciudad. No muy lejos de allí está el famosísimo parque de atracciones Tívoli. También vale la pena visitar uno de los hoteles más prestigiosos del mundo, el Hotel d’Angleterre.

Oslo, con o sin Grito

Fuera del casco céntrico, vale la pena llegar hasta el Holmenkollen. Es la cuna del salto de esquí y donde se realizó la competición olímpica de ese deporte en 1952. La estructura se alza sobre una colina, de manera que la vista desde allí es imponente.

También es interesante pasear por Ekeberg, el parque que Eduard Munch vivió con tal desazón que lo llevó a pintar su famosísimo Grito. En una de las pasarelas de esa colina Munch ubica su cuadro. Todo turista aprovecha la oportunidad de concretar la pavada del día: sacarse una foto allí con cara de terror.

El barco atraca pegado a la fortaleza Akerhus. Una gran plaza separa ese sitio del Ayuntamiento de Oslo, ejemplo del estilo brutalista. En su interior, desde 1990, se realiza la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz.

En lo alto de una colina, el Palacio Real domina la vista del centro de Oslo. Detrás el Parque de Esculturas Vigeland, del artista Gustav Vigeland, de las cuales la más popular se llama Sinnataggen, conocida también como el Niño Rabioso. En el exacto medio del frente del Palacio y luego de dejar atrás sus jardines, la calle Karl Johans invita a una caminata. Sus negocios, galerías, jardines, restaurantes y hasta la vieja Universidad (de 1813) son hitos de la vida cotidana oslense.

En la península de Bygdøy se encuentra lo que se denomina Isla de los Museos.

La nueva Ópera de Oslo, levantada en la costa del fiordo, se inauguró en 2008 y es un diseño del estudio de arquitectura noruego Snøhetta. Su imagen es como la de un témpano emergiendo del mar. Muy cerca se está construyendo el nuevo Museo Munch, que albergará las 1000 pinturas, 15.000 grabados, 4500 acuarelas, dibujos y seis esculturas, además de escritos. Cuando esté terminado será la sede de el Grito, que hoy se exhibe en la Galería Nacional.

Escapada a Berlín

En la mayoría de las paradas de los cruceros uno puede organizar su visita al puerto que se toca por sus propios medios. Las excursiones que vende el barco son cómodas y aseguran que si algo pasa a uno lo esperan, pero generalmente son caras. De este itinerario, esta es una de las paradas en las que es aconsejable tomar la excursión que vende el barco. La distancia entre el puerto de llegada (Wardemunde) y Berlín es de dos horas y media en tren. Es decir que el tiempo libre para conocer la ciudad es de aproximadamente seis horas.

Desde la Estación de Trenes de Berlín un colectivo llega hasta el centro, más precisamente a la Plaza Gendarmenmarket. Check Point Charlie, el puesto de control que dividía el este del oeste, es un sitio que, ningún primerizo deja de visitar. Muy cerca todavía hay restos del muro que dividía la ciudad.

Hoy, la famosa Puerta de Brandenburgo simboliza la unión de Alemania (se inician ahí guiadas gratis en español, muy buenas). No muy lejos está la cúpula del Reichstag (donde se reúne el Parlamento), diseñada por Norman Foster. Y dominando la zona el imponente Tiergarten, el parque de 210 hectáreas.

El barrio judío y la Nueva Sinagoga, el Museo Pergamon son hitos. Las calles más comerciales son Friedrichstrasse y Kurfurstendamm y otra imperdible por su boulevard arbolado es Unter den Linden.

Incontables memoriales y museos recuerdan las tragedias del siglo XX que tuvieron por escenario esta ciudad. También hay centros de interpretación de las épocas en las que el poder soviético dominaba media ciudad. Pero si se quiere pasear por sitios menos dramáticos la recomendación es andar por Kreuzberg (el barrio de la colectividad turca) o por Prenzlauer Berg, el barrio trendy y todavía un poco under.

También, en el caso de que resulte demasiado viajar desde Wardemunde a Berlín por el poco tiempo que hay, la alternativa es permanecer en los alrededores de este puerto y por ejemplo visitar Rostock y su reloj astronómico en la Iglesia de santa María.

Sorpresas en Tallin

Mejor no tomar excursiones. La capital de Estonia se la conoce a pie. La calle Viru es algo así como su columna vertebral. Müürivahe es otra de las calles más comerciales. Basta llegar a la plaza central, disfrutar de los cafés, de los puestos de dulces y entrar a Raeapteek, la más antigua farmacia de Europa funcionando desde 1422.

Kalev es un café que albergsa el Museo del Mazapán (calle Pikk 16). Las iglesias en Tallin son visitas de rigor. San Nicolás, San Olaf, y del Espíritu Santo son las más concurridas.

Al fin, San Petersburgo

San Petersburgo, la joya del itinerario
San Petersburgo, la joya del itinerario. Foto: Sebastián Arauz

Esta ciudad rusa es la parada más deseada por muchos de los pasajeros del Regal Princess. Por eso, la naviera dispuso que el barco pernocte en este puerto de manera de gozar de dos días completos para conocerla.

Se puede aprovechar mejor el tiempo contratando un guía en español, de manera de poder conocer la mayor cantidad de sitios e incluso asegurarse entradas a los museos con anticipación para evitar largas colas.

Hay que visitar la catedral de San Pedro y San Pablo, donde se encuentran las tumbas de los Romanov y el Palacio de Catalina, con su famosa sala de ámbar. Por la tarde, acaso el atractivo más valioso: el Hermitage. La dimensión y tesoros de esas estancias no tienen comparación.

Hay que visitar el palacio de Peterhof y sus imponentes jardines. Al regreso a San Petersburgo conocer la iglesia de la Sangre Derramada con ese exuberante colorido de sus cúpulas y luego caminar por el canal Griboedova, la plaza de Bellas Artes y Nevskiy Prospekt.

Excursiones en Helsinki

Helsinki: demasiado para caminar en unas cuantas horas
Helsinki: demasiado para caminar en unas cuantas horas. Foto: Sebastián Arauz

Esta ciudad no puede negar la influencia rusa y sueca. Es fácil descubrirlo. Finlandia es un país reconocido por la calidad de su diseño. Entre los nombres más connotados en este campo está el famoso arquitecto Alvar Aalto, que tiene un museo dedicado a su memoria.

Suomenlinna es una fortificación construida sobre seis islas, declarada patrimonio mundial de la humanidad por Unesco.

Desde la plaza del Mercado frente al puerto parten pequeños barcos para excursiones panorámicas por los alrededores. Es imposible dejar de mencionar a la plaza del Senado, conjunto de edificios públicos diseñado por el arquitecto Carl Ludwig Engel.

Enfrentada a esa plaza se yergue majestuosa la imponente catedral ortodoxa de Uspenski. Y también desde ese punto comienza la calle más agradable de Helsinki: Esplanadi.

Lo que pocos dejan de visitar es la Iglesia Temppeliaukio o iglesia en la Roca, que fue diseñada excavando la roca.

Estocolmo, la capital

Indudablemente Estocolmo es “la” capital de los países nórdicos. Por eso yo decidí dejar el crucero en esta ciudad y quedarme aquí unos días y no seguir una jornada más hasta Copenhague.

Estocolmo es una ciudad con gran cantidad de museos. Hay en total unos 70, muchos con entrada gratuita. El más popular y visitado es el Museo Vasa en la Isla Djurgården, donde se exhibe un barco de guerra. El Skansen es el museo al aire libre más antiguo del mundo. Cuenta con unas 150 casas traídas de distintas zonas del país. En la zona se encuentra también el Museo Nórdico (Nordiska en sueco), dedicado a retratar la historia del pueblo sueco. El edificio es deslumbrante.

El Milesgården es otro de los museos al aire libre, con esculturas y jardines asombrosos. Era originalmente la casa del artista Carl Miles.

Fotografiska tiene apenas siete años y funciona en un edificio Art Nouveau de 1906. Se dedica a exhibir la obra de los más destacados fotógrafos contemporáneos. Al caer la tarde vale la pena disfrutar de una puesta de sol mirando por los amplios ventanales de la confitería gran parte de la imponente ciudad y quizás pasar por el Museo del Premio Nobel.

Sobre la isla Kungsholmen se eleva el Ayuntamiento de Estocolmo. En su llamada Sala Azul se realiza todos los años la ceremonia de entrega de los Premios Nobel.

Pero Estocolmo tiene mucho más. Hay que caminar y dejarse llevar por lo imprevisto.

Datos útiles

Cuánto cuesta

Para el itinerario Escandinavia &Rusia, de 11 días en el crucero Regal Princess, las tarifas parten desde los 1799 dólares (más 180 de impuestos, válido para salidas en mayo de 2018) por cabina interna, incluyendo todas las comidas (sin bebidas). Más información, en www.princess.com.

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