En los comienzos de la carrera espacial, puntualmente, en el año 1962, la NASA se preparaba para lanzar al espacio la misión Mariner 1, que tenía como objetivo circunnavegar la órbita de Venus. Pero un error de programación significó la diferencia entre el éxito y el desastre total y, por si faltaba más, la pérdida de millones de dólares.

Iba a ser la primera vez que se lograba enviar una sonda no tripulada para que gire alrededor de otro planeta. La Mariner 1 había sido creada para recabar datos sobre la temperatura y la composición de la atmósfera de Venus.

Pero el cohete que la transportaba jamás llegó a salir de la atmósfera de la Tierra. La debacle se suscitó a sólo 5 minutos del despegue. Una señal de autodestrucción desencajó a todos en el centro de Control de Cabo Cañaveral, en Florida, Estados Unidos.

Tras una investigación, que resultó clave para llevar a cabo la misión con la sonda Mariner 2, la NASA concluyó que la falla se debió a una mala transcripción del código -un programador omitió el símbolo “¯”– que regía uno de los sistemas de navegación.

El código en cuestión, que había sido escrito en un lenguaje de programación llamado Fortran, el cual IBM desarrolló para las computadoras de finales de la década del 1950, se transcribía manualmente a binario mediante tarjetas perforadas. Para colmo, en aquellos tiempos no existían los sistemas de detección de errores.

Un ejemplo de Fortran, el lenguaje de programación que había creado IBM para las computadoras de finales de la década del 50.

Un ejemplo de Fortran, el lenguaje de programación que había creado IBM para las computadoras de finales de la década del 50.

Ese superguión se volvió tan relevante para la Mariner 1, ya que determinaba la diferencia entre leer la velocidad promedio del cohete Atlas Agena, o suministrar a los sistemas de navegación datos que no habían sido ponderados previamente. Esta información errónea creó un conflicto tal que la nave se descontroló por completo. Por ello, los responsables de la misión decidieron destruirla en pleno vuelo para evitar que colapsara sobre áreas pobladas.

El fracaso de la sonda Mariner 1 le provocó a la NASA la pérdida de 18,5 millones de dólares de la época, una cifra que aplicada a la inflación que ronda hoy en día en Estados Unidos asciende a 150 millones. Y todo por un superguión.

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