Victoria Curthoys, una joven de 29 años australiana, solo quería relajarse. De visita en Tailandia, decidió visitar un spa de peces, donde las personas se sumergen para que estos pequeños animales se coman la piel muerta. Nunca se le ocurrió que este tratamiento le iba a costar los cinco dedos de su pie derecho.

“Pensé que no pasaría nada, ya que vi al dueño iniciar el sistema y todo parecía muy limpio. Sin embargo, estaba equivocada, porque terminé con una infección en el hueso en mi dedo mayor”, contó Curthoys a medios extranjeros. Es que la mujer había tenido a sus 17 años otra infección en el hueso (sin relación con esta) que provocó que los médicos tuviesen que amputarle la mitad de ese dedo para frenarla.

A través de esta cicatriz fue que, cuatro años después (en 2010), ingresó un microorganismo acuático que solo se encuentra en Tailandia y comenzó a erosionar los huesos de su pie. “Terminé con otra infección en mi dedo gordo y los médicos tardaron más de un año en darse cuenta qué la estaba causando. Para ese momento, todo el hueso de mi pie había sido comido y yo me sentía enferma”, relató Curthoys.

Los profesionales, entonces, procedieron a amputarle lo que le quedaba del primer dedo de su pie derecho. Sin embargo, la presión de caminar sobre sus dedos más pequeños le provocó callos e infecciones, por lo que por los próximos cinco años le fueron amputando resto de sus dedos de forma progresiva.

El pie derecho de Victoria, tras las sucesivas operaciones.

El pie derecho de Victoria, tras las sucesivas operaciones.

“Cuando me quitaron el dedo gordo me sentí aliviada por poder volver a mi vida normal pero luego de un año tenía úlceras en el segundo dedo y, debajo de eso, una nueva infección”, detalló la mujer. “Me quitaron ese dedo y estuve bien por dos años, hasta que volví a enfermarme. Eventualmente, solo me dejaron el dedo pequeño, pero me lo golpeaba todo el tiempo y la presión de caminar recaía allí, así que, cuando descubrieron otra infección, lo removieron”, completó.

La joven ha tenido cierta reticencia a mostrarse en público, aunque reconoció que “honestamente, puedo decir que mi pie nunca se había visto tan saludable como ahora”.

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